Friday, March 18, 2011

Las frases que nunca escribiré, los paisajes que nunca podré describir, con qué claridad las dicto a mi inercia y los describo en mi meditación, cuando, reclinado, no pertenezco, sino lejanamente, a la vida. Tallo frases enteras, perfectas palabra a palabra, contexturas de dramas se me narran construidas en el espíritu, siento el movimiento métrico y verbal de grandes poemas en todas las palabras y un gran entusiasmo, como un esclavo que no veo, me sigue en la penumbra. Pero si diera el paso desde la silla donde reposan estas sensaciones casi cumplidas hacia la mesa donde quisiera escribirlas, las palabras huirían, los dramas morirían, del nexo vital que unió el murmullo rítmico no quedaría más que una nostalgia lejana, un resto de sol sobre montes distantes, un viento que alzaría las hojas en el umbral del límite desierto, un parentesco nunca revelado, la orgía de los otros, la mujer, que nuestra intuición dice que miraría hacia atrás, hacia nosotros, y que nunca llega a existir

FERNANDO PESSOA, escritor portugués en "Libro del desasosiego"